Show me the money

En el sistema económico en el que vivimos el dinero juega un papel muy importante porque es la principal herramienta que usamos para el intercambio de productos; casi para todo se necesita dinero, de ahí que desarrollar nuestro talento para ganarlo sea una actividad en la empleemos mucho tiempo y esfuerzo, sin olvidar que el dinero en sí no es valioso (sólo papel, tinta y metal) sino nuestra capacidad y habilidad de ganarlo o acumularlo.

Descartando cualquier actividad ilegal o deshonesta, existen básicamente seis formas de ganar dinero, aplicables a cualquier profesión, oficio o giro de negocio. Conocerlas fue para mí vital porque, unas más que otras, me acercan a mi libertad financiera, así como porque cada una requiere ciertos gustos, habilidades y conocimientos con mayor o menor afinidad a mi personalidad y estilo de vida deseado. Ninguna es mejor o peor, sólo elige la o las que te gusten más.

Regalo.
Esta es la opción con menos probabilidades de suceder y por eso empiezo con ella. Aquí entra cualquier evento fortuito pero muy afortunado como, una herencia, el premio mayor, un maletín abandonado lleno de dinero, un tesoro escondido en el patio de tu casa y cosas por el estilo. No es que nunca sucedan, pero tomarlas como una opción seria de ingreso te pueden generar gran frustración porque, bueno, no tienes control sobre ellas, son imprevistas, aunque existen y por eso las menciono.

Empleado.
La más común de todas por su fácil acceso, alta demanda y la más recomendada también para principiantes. Aquí intercambias tu tiempo (ciertas horas al día) por una cantidad fija de dinero y tu compromiso de seguir fielmente las instrucciones de tu empleador; normalmente tu ingreso será del tamaño de tus responsabilidades y del nivel de eficiencia en la realización de las mismas, de ahí que haya empleos que pagan desde el salario mínimo hasta cantidades muy muy grandes. Esta opción la eliges porque te gusta la seguridad de un horario y un ingreso fijo y seguro, además de las prestaciones, la filosofía de la empresa, el trabajo en equipo y el estilo de liderazgo de los jefes.

Auto empleado.
Idéntica a la anterior salvo por unos detalles: eres tu propio jefe, no hay horario ni prestaciones, eres todólogo y no tienes ingresos seguros. Te gusta porque crees tener un poco más de libertad, aunque a veces, sobre todo cuando las ventas andan bajas, el flujo de efectivo puede ser escaso. Hay que ser honestos con esta opción porque sigues siendo empleado, con algo de flexibilidad, pero también con mayores exigencias porque, además de producir, tienes que vender, llevar la contabilidad, hacer las compras, entregar los pedidos y limpiar la oficina.

Empresario.
El siguiente paso esperado después del auto empleo es una empresa, es decir, armar un equipo de trabajo alrededor de una idea de negocio en la que tú eres el líder. A todas las características del auto empleo ahora súmale que tienes que cumplir todas las responsabilidades del empleador (¿recuerdas por qué te gustaba ser empleado?) sin la certeza de que un ingreso para ti o un horario fijo. Tú llevas toda la responsabilidad del éxito de tu negocio y claro, las recompensas también, monetarias y personales, porque una empresa te da la oportunidad de influir positivamente en la vida de mucha gente, empezando por tus colaboradores.

Inversionista.
En lo que te puedes convertir si llegas a acumular una cantidad grande de dinero y quieres aumentarla aún más. Puede ser, por ejemplo, poniendo parte de éste en las empresas o ideas de otros, en bienes raíces, instrumentos financieros, créditos o arte, por mencionar algunos. Buscarás esos proyectos o propuestas que te inspiren, te gusten y con altas probabilidades de éxito, tendrás que desarrollar ese instinto para identificar la oportunidad donde los demás no y quizá también, convertirte en “coach” de negocios, es decir, un mentor que, además de dinero, invierte su tiempo, experiencia y cariño en los negocios de otros.

Regalías.
Es el pago que recibes como creador o inventor de algo a cambio de que otra persona o empresa use o explote comercialmente tu creación, y esto de manera indefinida e incluso más allá de tu muerte, o sea, tus herederos. Las regalías más comunes son por derechos de autor, patentes, marcas y “know how”, por ejemplo: un libro, una pieza musical, una película, una marca comercial o una franquicia. En otras palabras, creas algo maravilloso que todo mundo quiere comprar o usar una y otra vez durante mucho tiempo, haces un contrato para que alguien más se encargue de comercializarlo a cambio de un porcentaje de las ventas, te vas a tu casa (o adonde quieras), y cada cierto tiempo te llega un cheque por concepto de las regalías. Si quisieras y según el monto de las mismas, podrías no volver a crear algo o trabajar en toda tu vida.

Pues ya está, tienes el panorama completo y ahora entenderás sin problema el famoso refrán que dice: “No pongas todos los huevos en una misma canasta”. La idea es diversificar tus ingresos porque tienes la posibilidad de aplicar simultáneamente más de una forma de ganar dinero; puedes, por ejemplo, tener un empleo y empezar una empresa o escribir ese libro que tienes en mente o hacer proyectos por tu cuenta. Ahora bien, tampoco te aloques y quieras empezar varias al mismo tiempo, ve de una en una; por ejemplo, quizá hoy ya tengas un buen empleo que te genere un excedente que podrías ahorrar para más adelante comprar otra casa o un terreno, o como empresario te está yendo muy bien y tus ingresos te permiten invertir en otra empresa. Lo importante en este momento es que ya las conoces y te servirán para hacer un plan de ingresos multifacético y rentable, y no olvides divertirte porque no todo en la vida es dinero y tener más de una fuente de ingresos sirve para aumentar tu cuenta bancaria pero también para darle más emoción y frescura a tu vida.